Educar para la paz

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“La educación no es preparación para la vida;
la educación es la vida en si misma.”
John Dewey.

Siempre que tengo conocimiento de un episodio de violencia en que algún menor de edad está involucrado, una de mis principales preocupaciones gira en torno a las formas en que podríamos evitarlo para propiciar su adecuado desarrollo emocional.

Lo más lógico sería pensar que la mayoría de los niños y niñas, disfrutan de su infancia con su familia, sin embargo, las investigaciones y estadísticas nos dicen lo contrario pues la mayoría de ellos sufre violencia y eso tiene diversas consecuencias, entre ellas, problemas en su aprendizaje.

La Encuesta Nacional de Niños, Niñas y Mujeres (ENIM) 2015, que se realizó por primera vez en México, revela una cifra alarmante: el 70% por ciento de los menores de 14 años de edad, son educados en contextos de violencia, el 44 por ciento de ellos experimenta algún castigo físico y en más de la mitad la disciplina se aplica mediante agresión sicológica.

Estos datos ponen de relieve que para mejorar la calidad de la educación de nuestros hijos y para poder asegurarles igualdad de oportunidades para el futuro, debemos enfocar gran parte de nuestros esfuerzos en que tengan una vida sin violencia.

Actualmente, el gobierno realiza importantes acciones y programas para combatir la pobreza que inciden en la calidad de vida de los menores de edad, como programas de vivienda, educación, recursos para que todos tengamos servicios de drenaje, agua potable y electricidad. Sin embargo, si a estos esfuerzos no le sumamos acciones para acabar con la violencia, los menores de edad se enfrentarán a un mundo con pocas oportunidades de éxito para ellos, el problema es que la violencia está en la casa.

Gran parte del éxito de estas acciones depende de que las familias sepan canalizar sus esfuerzos en no agredir de ninguna manera a sus hijos y a actuar de manera asertiva, es decir, encontrar alternativas para poner límites, sin violencia; de otra manera les haría sentir inseguros y con otras consecuencias para su sano desarrollo.

Además, deben establecerse condiciones para que el acceso a la educación se asegure desde sus primeros años y se complemente con las herramientas necesarias que hacen posible el aprendizaje, pues en la Encuesta mencionada, también sobresale que apenas 35 por ciento de los menores de cinco años de edad tienen tres libros infantiles o más; 60 por ciento asisten a un programa de educación temprana y únicamente 14 por ciento de los padres y 62 por ciento de las mamás realizan alguna actividad para promover el aprendizaje de sus hijos y con el fin de prepararlos para la escuela.

La educación inicial o temprana, es fundamental tanto para padres como para sus hijos porque les enseña a ambos a entenderse y a ayudarse mutuamente a desarrollar sus habilidades de enseñanza y aprendizaje.
Muchas veces los papás creemos que la violencia que impera en el país es externa, sin embargo, la primer fuente somos nosotros mismos a través de lo que les enseñamos a nuestros hijos. Por ello es importante inculcar en ellos valores como el respeto, la tolerancia y el amor a nuestro país para que puedan ser buenos ciudadanos y las siguientes generaciones vivan en un entorno sin violencia porque esta trunca el desarrollo del país y de ella todos somos corresponsables.