La sentencia del caso Porkys

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“Si la justicia existe, tiene que ser para todos;
nadie puede quedar excluido,
de lo contrario ya no sería justicia.”
Paul Auster

Daphne fue víctima de violación y abuso sexual hace poco más de dos años, desde entonces ha pasado por varias situaciones difíciles, como ocultar lo sucedido y, posteriormente, sufrir el desprecio u opinión negativa de personas que no le creían cuando se atrevió a contarlo. Casos como el de ella hay muchos y con frecuencia no se cuentan porque los delitos sexuales dejan mucho daño emocional a las víctimas, quienes reviven lo sucedido cada vez que relatan su experiencia.

Para analizar este tipo de casos se requiere de cabeza fría por lo delicado del tema y de argumentos sólidos basados en elementos de prueba contundentes porque está en juego la dignidad de las víctimas, la de los acusados que sin lugar a duda tienen derecho a una buena defensa y como en este caso, el prestigio y futuro de un juez. Por tal motivo es complicado hacer un juicio basado únicamente en lo que publican los medios de información o las redes sociales.

Ante cientos de comentarios de todo tipo que circularon en redes sociales acerca de la controvertida resolución dictada por un juez federal acerca de este caso conocido como “Los Porkys”, en la que concedió el amparo a uno de los probables responsables del delito de pederastia, decidí leer la sentencia, a la que cualquier persona puede tener acceso a través del sistema de información del Poder Judicial Federal.

En dicha sentencia el juez argumenta que si bien se acreditó que hubo tocamiento en los senos y debajo de su falda, no pudo comprobarse que tuviera una intención lasciva, es decir sexual. Agrega también que para haber acreditado que los tocamientos tenían ese propósito debieron existir elementos de prueba tales como la manifestación verbal del agresor a la víctima.

Reflexioné mucho como abogada, como ex Presidenta del Tribunal Superior de Justicia de mi estado natal y como madre de dos adolescentes, sin embargo me parece absurdo que se requiera notificarle verbalmente a la víctima que una conducta claramente sexual, tiene propósitos lascivos para que se acredite el delito.

Esta situación evidencia la “cosificación” que el juez hizo del género femenino, es decir, se habla de “tocamiento” como si Daphne fuera un objeto al que se puede tocar siempre que no se exprese verbalmente la intención sexual o que se evite dejar prueba expresa de lo que pasó por la mente del acusado.

Lamentablemente aún vivimos en un país desigual que concibe a las mujeres como objetos y la resolución pone de manifiesto la necesidad de que los jueces realicen sus actuaciones con perspectiva de género y con mayor transparencia, así como con humanismo y no escudados en formalismos, dando la espalda a la sociedad.

La sentencia del juez ha causado que el Consejo de la Judicatura decidiera suspenderlo, sin embargo no debemos perder de vista que el juez también tiene derecho a defenderse y que la vía para analizar si la sentencia estuvo o no apegada a derecho es el recurso de revisión.

En suma, tanto la actuación del juez como la del Consejo de la Judicatura han sido criticadas por algunos y aplaudidas por otros, sin embargo, la gran lección que este caso deja es que no podemos hacer juicios mediáticos o en redes sin conocer los elementos de prueba necesarios y que tanto la víctima, el acusado y las autoridades tienen el derecho de acceder a la justicia, no a través de la presión social que generan las redes sino a través de mecanismos claros, transparentes y expeditos.