Libre expresión, derecho de todos

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“El periodismo es libre o es una farsa.”
Rodolfo Walsh

Javier Valdez Cárdenas, fundador y redactor de un semanario en Sinaloa llamado Riodoce, contaba con un abundante trabajo sobre narcotráfico y violencia, y fue asesinado el pasado 15 de mayo en Culiacán a tan solo cuadra y media de distancia de las oficinas de su trabajo, un suceso que ha puesto en jaque al periodismo.

A diferencia de hace muchos años en los que la lucha por la libertad de expresión era contra el sistema y en los que el trabajo de la prensa se realizaba de manera furtiva o a escondidas, en estos momentos, la lucha es contra la delincuencia organizada, que han visto en el periodismo una amenaza a sus intereses.

Lamentablemente, Javier Valdez, no ha sido la única víctima, en los últimos 17 años se han registrado más de 100 asesinatos de periodistas en nuestro país, lo que representa un riesgo para la libertad de expresión y para el ejercicio libre y seguro de esta profesión.

La libertad de expresión no debería ser motivo para que una persona sea asesinada. Su ejercicio contribuye a generar contrapesos en la manera en que se usa el poder público y genera conciencia sobre el daño que hace la violencia en nuestra vida diaria.

La labor periodística debe ser reconocida en todo momento y los derechos de quienes se dedican a informar deben ser asegurados, porque hay momentos en que su trabajo refleja de manera más fiel la realidad en que vivimos y son ellos quienes muchas veces hacen posible que las cosas malas se eviten y que las buenas se conozcan.

En un periodista, tenemos a mujeres y hombres que arriesgan su vida por ideales, por hacer lo que más les gusta y porque están seguros que su trabajo hace bien a México.

En esta época, no podemos sino reconocer a todas las personas que a través de todos los medios de comunicación cumplen el propósito de que estemos mejor informados.

A pesar de que Javier Valdez llegó a reconocer que muchas veces él y otros periodistas han tenido información que no publican por el temor de perder su vida, ello no impidió que hoy fuera una víctima más de la violencia del narcotráfico y que “les pegaran en el corazón” a sus compañeros de trabajo y a todos los periodistas del país que hoy exigen justicia.

La muerte de un periodista es una amenaza seria, que las autoridades deben investigar y sancionar, se les debe proteger y garantizar el derecho de cualquier persona a expresarse, a dar información. Por ello, celebro que el Presidente, Enrique Peña Nieto, haya dado indicaciones a la Procuraduría General de la República, para que la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos cometidos contra la Libertad de Expresión apoye a las autoridades de Sinaloa en la investigación de este indignante crimen con el propósito de que los responsables sean castigados.